A las 2 de la tarde se me acababa la tarde. No era la edad: era algo que el hígado gasta todos los días.
Tiene nombre y se puede reponer. Esto fue lo que encontré esa noche, tal cual pasó.
Si andas buscando gotas para el hígado, esto te va a servir. Yo busqué eso una noche, con mi esposa dormida. Escribí: «gotas para el higado». Sin acento.
No me dolía nada. Me había despertado en el sillón con la tele prendida, y era la tercera vez esa semana. No quería otra pastilla. Ya me tomaba tres.
No nada más es cosa de los que toman. Lupe, mi esposa, casi ni toma y andaba peor que yo. Tengo 53 años. Arreglo refrigeración: cuartos fríos, lo que se descomponga a las cinco de la mañana.
Mi día tenía cuatro horas malas
A las 5:15 me veía en el espejo con la cara hinchada. Le echaba la culpa a la almohada, a la sal, a la edad. Mi mamá me lo decía por teléfono: «Mijo, eso es el hígado.» Yo colgaba.
A las 5:40, el café y tres pastillas. Ni las contaba. A las 12, el lonche en la camioneta. A las 2 ya andaba buscando sombra. Era el calor, decía yo. En enero también era el calor.
A las 6:30 la cena se me quedaba ahí toda la noche. A las 8 me ganaba el sillón. Yo pensaba que eran cuatro problemas distintos. Era uno solo, a cuatro horas distintas.
Un domingo, recogiendo los platos, Lupe me lo dijo bajito: «Ya no amaneces con la misma cara, Memo.» Me dolió que se me notara por fuera.
Lo probé todo. El té de alcachofa y diente de león que hace mi mamá, tres meses seguidos. Una Cuaresma entera sin una sola cerveza. Se lo conté al doctor: «Lo vamos a seguir vigilando.» No es su culpa, ese es su trabajo. Decidí lo que decidimos todos. Que era la edad. Que ya para qué. Un jueves mi compadre Chava me gritó por encima de la barda: «¿Ya dejaste la chela o qué? Traes cara de desvelado.» Esa noche me desperté en el sillón otra vez. Junté las dos cosas.
Lo que el hígado gasta
Todo lo que uno come y toma pasa por el hígado. Cada cena, cada pastilla. Para hacer ese trabajo, el hígado gasta algo. Tiene nombre: glutatión. Cada vez se le va un poco.
Es como la gasolina de mi camioneta. Cada viaje se lleva un poco. Si nadie vuelve a llenar el tanque, la camioneta no se descompone. Nomás se queda a media calle.
El hígado no avisa. Hace lo suyo y se calla. Por eso yo llevaba años leyendo mal las señales. La cara era la almohada. La tarde era el calor. Lo que nadie me dijo es que el tanque se puede volver a llenar.
El cuerpo fabrica su propio glutatión, pero necesita materia prima: el NAC, «ene-a-ce». Con eso fabrica su gasolina.
Lo que más glutatión me costaba eran las 5:40. Cada pastilla pasa por el hígado, y procesarla cuesta. Ojo: no te estoy diciendo que dejes tu medicina. Yo no dejé la mía. El refresco del lonche también. Y las malas noches de la chamba. Nada de eso es un pecado. Es un martes cualquiera.
Después de los 40 el hígado no deja de trabajar, pero se atrasa. Llena tantito menos de lo que gastó. En la chamba le decimos trabajo atrasado. Los que saben, rezago. El rezago no duele. A mí me avisaba a las 2, cuando me quedaba sin gasolina a media calle. Eso me quitó lo de «ya para qué». Aquí no falló nadie. El hígado nomás se atrasó. Y lo que se atrasa se puede poner al corriente.
La planta era la buena
Mi mamá sí le atinó a la planta. Un té es hoja y agua caliente. No lleva glutatión ni NAC.
Esa noche me puse dos reglas. La primera: tiene que traer lo que el hígado gasta, glutatión y NAC. Y tiene que ayudar a sacar lo que filtró, que es lo que sale por la bilis. Cuando la bilis va lenta, la cena se queda ahí toda la noche. Esa era mi cena de las 6:30. No me caía mal. Nomás no se iba.
La segunda: no puede ser otra pastilla. Ya me tomaba tres.
Busqué frascos en el celular. No la foto de enfrente: la tabla de atrás. Ya me iba a dormir cuando abrí una tabla que sí decía todo.
Se llamaban Gotas para el Hígado de Enerra. Un frasquito ámbar con gotero negro, igualito a los frascos de gotas de mi mamá. Por medio gotero (2 ml): L-Glutatión 50 mg. NAC, en la mezcla Enerra. Cardo mariano de semilla, 30 a 1. Raíz de diente de león. Hoja de alcachofa. Betabel (remolacha). Colina. Sin alcohol.
Mis dos reglas, una debajo de la otra. Lo primero que pensé fue: un frasco más para el cajón. Las pedí de todos modos, esa misma noche.
Lo que se notó, y cuándo
Te cuento lo que me pasó a mí. A cada quien le pega distinto. Medio gotero antes del café, a la misma hora, para que no se me olvidara. La verdad, la primera semana no sentí nada.
Qué trae
Primero busqué el glutatión. Luego el NAC, la materia prima. Y las hierbas de mi mamá, pero concentradas.
Lo último: la forma
1
Líquido, bajo la lengua
2
El hígado gasta glutatión todos los días
3
También tiene que sacar lo que filtra
4
Noventa días, y no treinta
5
Y no soy el único
Lo que yo iba comparando esa noche
El té de 14 días, la pastilla de cardo sola, el vaso de agua de más: por todo eso ya había pasado. Esto es lo que yo andaba buscando en la tabla de atrás, y lo que encontré en esta.
- Varias traían la hierba sola
- En varias no venía glutatión ni NAC
- Varias eran tinturas con alcohol
- De unas ni se alcanzaba a leer la letra
- Algunas venían en cápsula, y yo ya tomo tres
- Varían mucho entre sí: hay que leer cada etiqueta
- Glutatión y NAC en la misma fórmula
- Cardo mariano de semilla, concentrado 30 a 1
- Base de glicerina orgánica, sin alcohol
- Diente de león y alcachofa para el flujo de la bilis
- Medio gotero bajo la lengua: nada que tragar
- Garantía de 90 días, aunque el frasco ya esté vacío
Lo que pedí
Lo que pregunté antes de pedirlas
Cuando le platico esto a la gente siempre salen las mismas dudas. Aquí las contesto derechito.
